jueves, 15 de marzo de 2012

Parte 1: Arica - Juliaca

A lo que lleva el aburrimiento
Llevaba más de un año desempleado y aburrido de no hacer nada. Aunque el ocio es mi estado natural , tanto tiempo libre me estaba desgastando, en cierto punto la rutina desgasta el ánimo lo mismo que los problemas. Entonces surgió la posibilidad de ir a ver unos negocios a un lugar remoto de la amazonia peruana, no había plata porque se trataba de reconocer el lugar y establecer los contactos, pero si una interesante posibilidad de aventuras y gastos pagados. Así, de la noche a la mañana estaba con mi bolso listo en la frontera peruana de Santa Rosa..

Mala fama y buena fama
Las dos semanas anteriores estuve leyendo todo lo que pude sobre el tema, en Internet encontré muy poca información y la mayoría era desalentadora; decían que el lugar era un infierno en la tierra (textual), pésimas condiciones de salubridad, delincuencia en un lugar sin ley, gente peligrosa, lugar inaccesible y muy riesgoso para llegar, etc. etc.

Ya no estoy en edad de correr riesgos tontos pero que diablos, pensé, entre quedarme calentando el sillón sin hacer nada o ir a ver alguna oportunidad de negocio y además conocer yo voy nomás. Además no iba solo, un amigo peruano que conocía el lugar (supuestamente) iba a ser mi guía y decía que todo eran mentiras; el lugar era maravilloso, la salubridad perfecta, no existían delincuentes, la gente era toda buena, la policía no era necesaria y sobre todo el acceso era muy fácil, camino pavimentado en un 80%.

La verdad como supe después estaba en el justo medio, de partida mi guía, Willy, no había ido nunca al lugar aunque conocía otras áreas cercanas. Cuando comprábamos los pasajes para ir a Juliaca me comentó que nunca había hecho esa ruta antes, yo le dije que como sabía entonces que era todo pavimentado y me dijo riendo que lo había visto en un video. Allí empecé a maldecir y arrepentirme de la estupidez en que me estaba metiendo, pero ya era tarde para echarse atrás, ya estaba instalado en el bus y en camino.

Salimos de Tacna con una predicadora
La salida de Tacna en un bus Sagitario fue a las 8 de la noche, el bus se veía bastante bien por fuera pero en su interior era un desastre, los asientos sucios, rotos y trabados en posición vertical, Willy me explicó que la mayoría de los buses "Marco Polo" y similares eran hechizos sobre la carrocería de un camión, pero quedaban tan bien que eran indistinguibles de los originales. También me dijo que las flotas de buses en su mayoría no eran empresas sino que cooperativas donde el dueño del bus era chofer y mecánico así es que rara vez le hacían mantención, otra razón para preocuparme pero que diablos, ya íbamos camino a Moquegua.

Algo muy curioso pasó al salir de Tacna, una joven bajita se para en el pasillo y empezó a hablar tal como una azafata de avión, esa fué la primera cosa freak de este viaje lleno de cosas extrañas y nuevas para mi. Resulta que empieza a hablar del baño -"solo para orinar, insisto, solo para orinar"- según sus propias palabras, dijo algo así como "seguramente me han visto ayudando en la bodega. de la agencia" y comenzó a dar algunas instrucciones más o menos absurdas sobre el bus. Sorpresivamente cambió de tema y comenzó a hablar de lo malas que eran el alcohol, las drogas y del crimen contra nuestro cuerpo que hacíamos al usarlas, luego se puso filosófica y habló de lo difícil que era para las personas encontrar la felicidad, y que ella nos iba a presentar a un amigo que podìa solucionar todos nuestros problemas. A todo esto ya empecé a notar para donde iba la cosa ¡era una canuta predicando! y en medio de todo su speech se le ocurre decir "Ustedes saben que estos viajes son peligrosos y en un rato más en medio de un accidente se pueden encontrar con Dios nuestro Señor" con Willi no pudimos reprimir la carcajada, no se me ocurre nada más desatinado e hilarante que el discurso de la pequeña canuta. Y así sigió hablando tonteras por casi 20 minutos, pasando de un tema a otro hasta que finalmente llegó a su verdadero asunto: vendía unas barras de eucaliptus por 1 sol (160 pesos chilenos) como una forma de cooperar para que ella pudiera seguir estudiando y blablabla. Obviamente no le pasé ni un peso por cargante.

Luego nos filman para la tele
Llegamos a un control aduanero y luego a Moquegua, una ciudad chiquita y agrícola, el valle era grande y precioso lo mismo que la campiña y las casas de barro, pero la ciudad misma bien fea especialmente las plazas y espacios públicos. Algo muy característico del Perú es la horrible arquitectura de sus plazas y edificios públicos, es lo peor que hay en cada pueblo, En Moquegua mientras el bus paró a recoger pasajeros pasó un tipo filmando a cada uno de los pasajeroscon una cámara de video portatil, pensé que enterados de mi fama me iban a entrevistar pero nada de eso, después supe que era una medida contra los asaltos en carretera que todavía son comunes en Perú..

Desde Moquegua empieza la subida al altiplano, empinadísima y llena de curvas, una mezcla entre la subida a Farellones por lo trabada y del lago Chungará por lo larga. En la noche se alcanza a ver un pueblo ubicado entre dos quebradas, se veía increíble de noche, parecía de película. Después de varias horas de subida llegamos al altiplano, era completamente de noche y no se veía nada pero me dió la impresión de ser un lugar muy seco, frio y desolado. Me acordé de Lituma en Los Andes de Vargas Llosa, nada mejor que leerlo antes de ir al altiplano, pero el pueblo de Lituma estaría mucho más arriba, en Matusani, ese si que era igualito..

Muchas horas corriendo por el altiplano con el chofer que sigzagueaba por la vía pavimentada, en una casi chocamos de frente con un camión -parece que nuestro chofer tenía sueño- asi es que pensé que si el chofer iba a dormir mejor que durmieramos todos así es que traté de dar unas pestañadas, lástima que no pude. Después de unas 10 horas de viaje, al amanecer, llegamos a Desaguadero, otro lugar que se veía desolado seguramente por la hora, parecía un pueblo fantasma del oeste, como Humberstone o algo así. A partir de ese punto nos fuimos bordeando el lago Titicaca y el paisaje cambió dramáticamente, todo verde típico de puna, pero a diferencia del camino al Lago Chungará esta campiña estaba llena de casas de barro y piedra bellísimas, y una que otra horrible de construcción sólida. La campiña de Puno es muy bonita, con praderas y cerros bajos a la vista no parece ser altiplano pero la parte de la ciudad que alcancé a ver era muy fea, una constante en Perú es que las plazas, juegos infantiles y edificios públicos son horribles., a esos arquitectos debieran encarcelarlos por crímenes contra el buen gusto.

Puno de amanecida
Finalmente después de unas 12 horas de viaje llegamos a Puno donde paramos brevemente y en una hora más a Juliaca, las dos ciudades parecen Chinatown, es un desorden y actividad frenéticas, especilmente en Juliaca con triciclos-taxi, motos-taxis, trenes antiquisimos por el medio de la calle y montones de gente corriendo de un lado para otro, Juliaca es muy extensa y tiene un enorme comercio. Me cuenta Willy que Juliaca se desarrolló en los años 80 cuando comenzaron a poner problemas en Puno con el contrabando, hasta entonces era un pueblito agrícola y repentinamente empezó a crecer en forma tan desordenada como Puno, las únicas construcciones antiguas que ví eran la catedral y la gran casa de los curas, el resto es todo construcción nueva, ladrillos y bloquetas al estilo puneño.

Puno es una ciudad al borde del lago Titicaca con unos 200.000 habitantes, un poco más que Arica y fué antiguamente la capital del contrabando y el comercio con Bolivia a través de la cercana frontera en el río Desaguadero, me contaban que con el paso del tiempo llegaron los controles y toda la actividad se desplazó hacia la vecina Juliaca que en los años de Alan García pasó de ser un poblado pequeño a una gran ciudad con otros 200.000 y tantos habitantes, ambas ciudades se notan increíblemente activas, desordenadas e improvisadas, en el centro de Juliaca no pude ver ni un solo domicilio particular, ni una casa normal, puros negocios uno al lado del otro todos al tradicional estilo peruano de construción de bloquetas y cerámica (material noble lo llaman allá -curiosamente- ¡para diferenciarlo de la madera!)

En Puno pude ver de día en la porquería de bus que estábamos viajando, ya había notado que le costaba mucho frenar y lo hacía con unos horribles ruidos de balatas. Los neumáticos tenían parches EXTERNOS por los costados y en algunas partes se les veía el alambre de acero,Willy solo se reía de mi preocupación, "no te asustes pues, si el dueño es el chofer, así es que si se mata con nosotros pierde su bus". Para levantarme más el ánimo me dijo que como cobraban tan barato (menos de 5 mil pesos chilenos el viaje de 12 horas) los choferes casi no dormían porque se daban tantas vueltas como podían. "Pero no te preocupes hermano, no pasa nada" ese era su mantra que lo repitió durante todo el viaje, se podrán imaginar que la hora que quedaba no la pasé muy relajado que digamos.

Nos fuimos a desayunar en una especie de ramada donde nos dijeron que lo único que tenían de desayuno era ESTOFADO o sea guiso de carne con arroz, después me di cuenta que el estofado, o el caldo de gallina con yuca son el desayuno típico en todo el interior del Perú. Le pedimos si nos podía freír dos huevos a cada uno con cafe y nos miró como si fuéramos extraterrestres, finalmente los trajo con los mejores panes que he probado en mi vida, quise comprarle más pero ya se le habían terminado. Ibmos a salir para Mazuco de inmediato (9AM) pero el camino estaba cortado hasta las 9PM por reparaciones, así es que tenemos que pegarnos un plantón con los pesados bolsos hasta las 3 de la tarde. Me metí a un apestoso cybercafe y desde allí me puse a subir las fotos y colocar mi entrada diaria.

Juliaca no me pareció un lugar agradable para turistear, a cerca de 4.000 metros sobre el nivel del mar en una enorme planicie que encontré bastante seca comparada con las praderas que rodean Puno, sin embargo tengo entendido que hay mucha agricultura y minería del oro por la zona. En realidad da la impresión de ser una enorme feria libre, llena de mercados en las calles y con un tren que se abre paso entre la gente y las casas sin ninguna protección ni advertencia. Hay miles de moto-taxis y triciclo-taxis. Puno y Juliaca son -creo yo- el corazón de la imagen que tenemos todos acerca del Perú, los puneños aon los judíos del Perú, de apariencia miserable pero fieramente ambiciosos y trabajadores son los que en gran medida se han ido tomando Tacna, la selva, Lima, Cusco y buena parte de Chile. Entre Puno y Juliaca en la mitad de la nada se levanta un enorme e incongruente conjunto de modernos edificios, es una universidad privada (creo que se llama Universidad del Altiplano) y refleja muy bien el espíritu de movilidad social y la ambición de Puno, de allí saldrán seguramente los futuros dueños del país en una cuantas generaciones más. Juliaca es excepcionalmente helada en esta época pero nos tocó un día perfectamente templado, ¡viva el calentamiento global.

Pensábamos tomar enseguida un bus que -en teoría- nos iba a dejar en Mazuko en 6 o 7 horas, pero en ese momento empezaron los problemas. Primero que nada la carretera entre Juliaca y Mazuko recién la están construyendo y si ven un mapa no va a aparecer, ¡no existe! es la rama sur de la Carretera Transoceánica, una obra titánica que se contrató durante el gobierno de Toledo en cooperación entre Brasil y Perú. La cosa es que durante el día se está dinamitando y el camino permanece cerrado, solo se permite el paso durante la noche así es que nos quedamos estancados hasta las 8 PM, hora en que abrían el camino y empezaban a salir los buses y camiones. Suponiendo que el camino iba a ser duro buscamos un bus que pareciera en buenas condiciones y encontramos uno bastante bueno que decía "salida a Mazuko 5 PM", pero ese bus era solo un enganche, el verdadero bus era mucho más viejo y salía a las 8 en lugar de las 5, el engaño es visto como muestra de picardía más que de mala intención y si estamos en Perú hay que tomarlo con humor nomás.

Eso es algo bien característico del Perú donde hay mucho de esos engaños pero en general la gente es bastante honrada. Cansados de acarrear los bolsos los dejamos en el falso bus y pasaron por varias manos antes de que aparecieran nuevamente, pero llegaron intactos, no se perdió absolutamente nada a pesar de mi preocupación, Perú es muy distinto a Chile en cosas fundamentales, ellos no respetan tanto las formas, son más improvisados y pillos, pero en las cosas importantes el sistema de confianzas funciona bastante bien, tal vez mejor que entre nosotros que nos creemos tan correctos.

Y así fue como después de mil esperas e inconvenientes el bus salió finalmente a Mazuko cuando les confirmaron que el camino se había abierto, íbamos repletos de mercadería en los compartimientos de carga y sobre el techo, incluso en los pasillos del bus iban cinco colchones apilados de lado, partimos confiados que en 6 o 7 horas estaríamos en Mazuko. Ilusos, ni me imaginaba lo que nos esperaba
Slidehow de Tacna aquí
Slideshow de Juliaca aquí

Parte 2: Juliaca-Mazuko


Un viaje de diablos
Finalmente salimos como a las 8:30 PM de Juliaca en otro bus Sagitario, peor que el que nos había llevado desde Tacna pero a esas alturas ya me estaba acostumbrando al estilo peruano, así es que let it be, me preparé para un viaje relativamente corto que me dejaría en Mazuko, ni me imaginaba lo que nos esperaba. Todos muy alegres porque el bus finalmente había salido más cargado que un Ekeko. A poco de salir de Juliaca por un buen camino pasamos por Azangaro (dicen que significa "los más hombres", sepa Moya si es cierto) en una planicie típica del altiplano, lo único que alcancé a ver del lugar fue una gran subestación eléctrica y el comienzo de una cadena de tormentas eléctricas que prendía en las ventanas del bus y nos acompañó durante todo el camino.

Luego el camino -todavía bueno- empieza a subir entre montañas y tormentas eléctricas a cada segundo, no me explico como no se electrocuta más gente de los que viven allá porque los rayos caen toda la noche uno detrás de otro. Después de varios campamentos mineros llegamos al pueblito de San Antón, que tiene solo una calle y donde para el bus para que los pasajeros coman, parece que el pueblo vive de eso porque hay muchos restaurantes, uno al lado del otro y todos los buses y camiones paran allí para una inspección sanitaria. Un mate de coca para el frio, unas Inca-Cola y dos bolsas de pan que después me sirvieron mucho.

Macusani, el pueblo de Lituma en los Andes
Luego de un largo y sigzageante camino hacia arriba se baja a una pequeña quebrada donde está el pueblito de Macusani, literalmente en la cresta del mundo me parece que se llega hasta los 5.800 metros de altura. Ese es el pueblo de Lituma en los Andes, me lo imagino igualito, hay un gran campamento de la Interoceánica y por esos lados se termina el buen camino, Macusani es también la capital de las vicuñas y existen importantes yacimientos de uranio. A la salida del pueblo un puente que apenas es un poco más que unos tablones con el río varios metros más abajo me da el primer mal presagio. Hasta allí todo el paisaje es piedra y cerros desde ese punto empieza el descenso a la selva en distintos escalones, al principio empiezan a aparecer algunos matorrales y la geografía cambia violentamente, se comienza a bajar en zigzag por una enorme pared de roca casi vertical, el camino es casi esculpido y en muchas partes de una sola vía. Tuve la pésima idea de mirar por la ventana hacia abajo y me vi con espanto al borde de un precipicio enorme con unas lucecitas diminutas muchos cientos de metros más abajo. Después me contaron de varios accidentes en ese peligrosísimo camino como el de una roca enorme que botó al barranco un bus con 40 músicos o este que leí en la prensa que nunca se supo su causa pero muestra lo peligroso del viaje, lean esta noticia y verán lo peligroso que es ese trayecto.

Atascados toda la noche!

Después de varias horas sigzageando por la bajada, ya cerca de llegar al plano encontramos un enome fila de vehículos atascados: una gran piedra se había llevado buena parte del camino y desde ambos lados estaba la fila de buses y camiones atascado. El chofer con un grupo de pasajeros se bajaron a ver que pasaba, eran casi las 24 hrs y se demoraron casi una hora en volver: no había nada que hacer, como el camino se cerraba durante el día tendríamos que pasar a lo menos dos días atascados allí antes que se dieran cuenta de lo que había pasado y mandaran otro bus a buscarnos. No teníamos agua ni comida, pero yo llevaba mis dos bolsas de pan y las Inca Cola que me sacaron de apuro, le convidamos una a la señora que viajaba con niñitas chicas y nos fuimos tomando la otra de a poco.

El chofer estaba muy confuso, apagó todas las luces y finalmente desapareció, cada uno debía decidir que hacer. Conversamos con Willy y decidimos esperar que amaneciera para seguir a pie hacia abajo, pues nos dijeron que había un pueblito no muy lejos. La situación en el bus era muy tensa especialmente cuando aparecieron los comentarios de que podrían caer más piedras durante la noche, estábamos al borde de una pared enorme qu estaban dinamitando para hacer el camino así es que la posibilidad de derrumbes era cierta. La gente de la selva se puso pacientemente a dormir pero yo me quedé unas 7 u 8 horas sin poder pegar los ojos, fué la noche más larga de mi vida. Finalmente amaneció y Willy se había hecho dos amigos para que hicieramos el camino a pies hacia abajo, entre cuatro nos podríamos cuidar mejor de cualquier problema.

Ollaechea, un pequeño paraíso
Y nos fuimos a pie por el camino, Ollaechea estaba realmente cerca porque en poco más de una hora ya estábamos llegando al pueblo, menos mal que yo soy bueno para caminar así es que llegamos sin ningún problema. Fue como llegar al paraíso, de haber tenido plata y tiempo me hubiese quedado allí una semana, el pueblito era muy lindo y tenía de todo porque allí llegaban los trabajadores de la Interoceánica. Aguas termales, enormes cascadas tipo Laguna Azul, un bosque de ceja de selva muy lindo y el Río San Gabán abundante en truchas. Ollaechea parece un lugar de suerte, tiene aguas termales y las cascadas son ricas en oro, creo que Rio Tinto tiene un proyecto para explotar los cursos de agua auríferos, es un lugar donde se cuida el paisaje y la eciología, me gustó mucho el lugar y hasta encontré el primer cyber satelital desde donde subí fotos e hice una entrada para mi blog.

Pero había que moverse, así es que Willy empezó a buscar quien nos podría llevar a Mazuko, justo encontramos el camión-bus de un tipo que habíamos visto en Juliaca y nos llamó la atención por lo loco para manejar, como dije antes, allá los choferes son también dueños y mecánicos, este tipo estaba metido debajo del bus arreglado el diferencial a martillazos junto con su ayudante, había caído en una zanja del camino y estaba trabado, lo desarmó y -según él- ahora estaba listo pero no pensaba viajar a Mazuco hasta el día siguiente. Estábamos viendo la posibilidad de quedarnos cuando apareció el chofer de otro bus que también había tenido un accidente similar pocos kilómetros más adelante y estaban todos los pasajeros boitados en el camino. Arreglaron el transbordo y así fue como al mediodía salimos a buscar el bus accidentado.

A Mazuko con el loco del volante
Apenas me subí al bus pensé que habíamos cometido una gran equivocación, la forma de manejar del tipo asustaba incluso a los pasajeros locales, acostumbrados a esos buses. Nos fuimos por el borde del río San Gabán donde el precipicio no era muy alto, unos 10 metros o algo así, pero suficiente para matarnos si nos caíamos en el camino de tierra y de una sola vía, el bus corría a 80 o 90 kilómetros por hora en bajada y al acercarse a una curva tocaba el claxon estridente frenando en seco, después pasaba, un par de veces nos vimos frente a frente con otro bus o camión y varias veces tuvimos que retroceder hasta un lugar donde pudieran pasar los dos vehículos. Llegamos adonde estaba el bus Oropesa accidentado y nos demoramos casi una hora entre las discusiones de los pasajeros y el traspaso de la carga.

La topografía de la selva es muy curiosa, la verdadera selva está en un inmenso hoyo a nivel del mar pero antes de llegar a eso se baja por una serie de escalones desde los 5.800 metros del altiplano, la selva de altura es linda y muy amigable para las personas, hay buena salubridad, pocos bichos venenosos y temperaturas agradables, esto es evidente en Ollachea que está a unos 1.800 metros sobre el nivel del mar y es un pequeño pedazo de paraíso, tiene toda la vegetación exuberante que vemos en las películas de la selva pero ninguno de sus inconvenientes. Nosotros bajamos desde el altiplano por el borde de una inmensa quebrada formada por el río San Gaban y desde Ollachea se sigue bajando pero casi sin precipicios. El paisaje cambia al salir de Ollachea y a medida que se baja se hace cada vez más tropical, en ese lugar se encuentra la central hidroeléctrica de San Gabán 2 y se ve por primera vez los bosques de selva tropical que tapan todos los cerros.

Ese es el corazón de una de las zonas cocaleras más importantes del Perú (la otra está en Tingo María) y todas las casas tienen al lado su cobertizo donde secan hojas de coca, la bajada es continua pero no se nota porque no tiene barrancos, en lo que si se notaba muy bien es en el olor a quemado y el humo que salía de las balatas del bus-camión. Paramos a almorzar en un caserío selvático cuyo nombre ya ni recuerdo, ya habíamos hecho un grupo con los dos amigos con que bajamos a pie y empezamos a conversar con todos los demás pasajeros del bus. Me hacían muchas bromas por el hecho de ser chileno y por el miedo evidente que le tenía a los mosquitos pero en el restaurant improvisado mandé al diablo todos mis escrúpulos sanitarios y me comí un aguadito de pollo, más un pollo asado con ensalada -al diablo con la hepatitis- pensé, porque el hambre era más fuerte.

Después de muchos problemas, un poco de civilización al fin
Y así seguimos bajando horas y horas por un camino en medio de la selva que no se terminaba nunca, era la Reserva Nacional Ecologica Tambopata, que corre por el borde del río Irambari que apareció de pronto por el borde del camino. Finalmente llegamos a un lugar con muchos avisos sobre una bajada peligrosa, allí el chofer parece que se asustó un poco porque paró en un caserío y entro a una casa ¡era su casa! salieron los niños, la mujer, le pasaron unos encargos, un bolso que se le había quedado a un pasajero en un viaje anterior, entonces con un balde de agua le echó a las ruedas para enfriar las balatas de freno que estaban echando un olor horrible y bastante humo. De allí seguimos la bajada bastante más despacio y nos tomó al menos un par de horas más. Salimos al mediodía y llegamos finalmente a Mazuko cerca de las 20 horas. Uno de los amigos con que habíamos bajado caminando resultó que era vendedor de repuestos de maquinaria y hacía todos los meses ese recorrido, el nos recomendó el hostal Valle Sagrado. Por primera vez en tres días iba a poder dormir, la pieza bastante rústica me pareció un palacio porque tenía el lujo de una cama y un baño común, al fin estaba en un lugar civilizado. Mi primera acción después de ducharme fue ir a uno de los dos cybercafés del pueblo para colocar la entrada diaria a mi blog, lo primero es lo primero
Slideshow de Juliaca a Mazuko aquí

Parte 3: Mazuko y Huaypetue


El pueblo de una sola calle
Hay un punto en el camino que está justo en la frontera de los departamentos de Puno y Madre de Dios y tiene tres puentes sobre el río Inimbari, Uno de estos puentes-por el que llegamos- viene desde Puno y Juliaca, el otro puente -por donde seguimos- entra en Mazuko y el tercer puente sale a un poblado llamado Quincemil, que es el camino terrestre que sube hasta el Cusco.

Mazuko es un pueblo de una sola calle larga, unas 10 o 15 cuadras de las cuales unas 6 están pavimentadas y el resto es de tierra, para que se hagan una idea es un pueblo netamente comercial con 255 negocios, entre grifos de combustible, hostales, restaurants, bares, tiendas abarrotes, talleres de mecanica, juguerias, plastiquerias, venta de repuestos, fotocopias, radio comunicaciones, servicios de transporte, talleres de mecánica, vulcanizadoras, ferreterías, boticas, carpinterías y librerias. En ese lugar se abastecen los mineros del oro así como los trabajadores de la Interoceánica que tienen una villa y campamento dentro del pueblo. Hay en el pueblo 35 autos, 18 camionetas y 50 motos, que son el medio de transporte más popular del lugar.

Noche de diluvio
Llegamos de noche y uno de nuestros compañeros de aventura con el que caminamos hasta Ollaechea visitaba habitualmente la ciudad así es que nos recomendó el hostal Valle Sagrado, que al parecer es el más grande del pueblo y tiene un cyber en la parte baja. Así es que allí nos instalamos y me dí mi primera ducha en varios días. Apenas toqué la cama caí dormido como un tronco porque llevaba dos noches seguidas sin dormir. De madrugada me despertó un ruido espantoso, como una avalancha seguido de explosiones, una tras otra; era una lluvia que caía como si saliera de mangueras de bomberos, yo que viví en Chiloé varios años jamás había visto algo así igual que la tormenta eléctrica explotando frente a nuestras narices. Como hacía bastante calor salí un rato a mirar el espectáculo y a mojarme, era una estupenda ducha natural de alta presión, luego volví a entrar, me sequé y vuelta a quedar profundamente dormido a pesar de la bulla.

Ruidolandia
Mazuko es un pueblo invadido por la selva como pude ver al día siguiente, detrás del patio de las casas empieza el bosque impenetrable y no me explico como las calles no quedan inundadas después de esos diluvios, la cosa es que al día siguiente amaneció todo perfectamente seco, seguramente a causa del calor. En la mañana me despertó un bullicio increíble para un lugar tan chico, por eso me hizo gracia un comentario sobre la paz de la selva, no existe nada, pero nada menos pacífico que la selva y el pueblo de Mazuko de día es una casa de locos donde todo funciona a todo volumen y la gente inconscientemente habla casi gritando entre la música del comercio callejero, la radio municipal que se emite por altoparlantes desde la plaza, el ruido de las decenas de motores que generan corriente eléctrica en todas partes, de las moto-taxis, los camiones y buses con escape libre y bocinas estridentes y dentro de todo, los dos únicos policías que vi en el pueblo tocando la canción nacional y subiendo las banderas del Perú y la del departamento de Madre de Dios, los de la selva son muy localistas y quieren mucho a su tierra, en eso se parecen a nosotros los ariqueños. Mazuko es un lugar rústico pero no vi ni a un solo pobre, menos mendigos que tanto abundan en Tacna o Lima, todo el mundo tiene trabajo o tiene algo que hacer, los vehículos en su mayoría son Toyota Hilux del año o motos muy modernas y se nota que es un lugar sin lujos pero donde abunda la plata.

Entre las muchas cosas curiosas del lugar estaban los camiones mixtos de combustible y pasajeros que hacen el mismo viaje que tanto me había asustado días atrás, pero sentados sobre unas bancas y tapados con carpa, encima de un gran estanque de combustible, curiosamente me decían que nunca habían sabido de algún accidente en esos peligrosísimos camiones.

La cobardía se impone
La verdad es que a primera vista Mazuko me intimidó bastante y la falta de policías -en Arica para donde uno vaya se encuentra con uno- me puso medio nervioso, en Tacna me habían dicho que mucha gente que llegaba allá desaparecía y no volvían a verlos más y yo me dí cuenta enseguida que era un tipo muy notorio en el lugar porque no había nadie que no se conociera, ni un turista ni nada de eso. Pero tenía que llegar a un lugar más remoto todavía y de mucho peor reputación; a Huaype que quedaba a un par de horas de distancia. "¿Más remoto?" pensé, "no gracias, ya pasé suficiente susto por todo el viaje", así es que tuve una seria conversación con Willy, mi amigo peruano y lo nombré Ministro Plenipotenciario con todos los poderes para que hablara a mi nombre, pero que fuera el, yo no iba ni muerto, bastante había hecho con llegar a Mazuko. Willy trató de convencerme con mil argumentos pero mi cobardía se mantuvo inamobible, que fuera él nomás, yo de Mazuko no me iba a mover por ningún motivo.

Y mientras Willy se subía a la moto que lo llevaría a Puerto Mazuko, a cruzar el río y después de una hora y media a Huaype, yo le tomé esta foto por si no volvía a verlo y me fuí al Restaurant Las Delicias a tomar un jugo de cebada con galletas. Luego me metí al cyber que se convirtió en mi segunda casa durante los días que pasé en ese lugar.. Como a las tres de la tarde apareció Willy de vuelta, rojo y sofocado, me dijo que mejor que no hubiese ido que el lugar le pareció medio peligroso y repleto de mosquitos y la persona con quien teníamos que juntarnos no estaba, porque andaba en el monte cobrando. Así es que decidimos esperar tres días en el pueblo a que volviera nuestro contacto local. Me acostumbré a la rutina de Mazuko, al ruido y en el pueblo ya algunos me saludaban y me empezaban a ubicar, el lugar bastante tranquilo donde cada uno anda ocupado en sus propios asuntos. Un día Willy desapareció, llegó la noche y mi amigo no aparecía, además llegaron al hostal unos 30 reservistas del partido de Ollanta Humala, con trajes de camuflaje vendiendo un periódico furiosamente antichileno y haciéndo mitines en la plaza. Temiendo algún problema me fuí a armar una ruta de escape hacia Puerto Maldonado para el día siguiente, pero tarde en la noche apareció Willy con la noticia que había encontrado por fin a nuestro contacto, que además era su primo, Unas cervezas en la plaza de armas nos sirvieron para celebrar y olvidarme de las preocupaciones.

Todo pasaba tranquilamente, excepto por un susto cuando empecé a hacer pis de color café muy oscuro, el asunto sanitario me tenía muy asustado porque he conocido gente que murió o quedó enferma de por vida por infecciones en la selva, leí en Internet que ese era el síntoma de una infección hepática lo que me asustó todavía más. Pero era falsa alarma, resulta que me había comido un pollo con arroz que tenía una sustancia morada parecida a la beterraga y era solo eso. Después de varias cervezas Brahma de a litro todo quedó funcionando normalmente. Finalmente encontramos a nuestro contacto en Huaype que resultó ser muy simpático, en una mañana nos mostró gran parte de los negocios que íbamos a hacer, descartamos algunas ideas que yo llevaba y nos concentramos en el resto de las cosas, especialmente la venta de maquinaria. Fuimos a visitar clientes y me convencieron que tenía que ir a Huaype de todas maneras. Mucho más seguro con un contacto local que conoce a todo el mundo, dije que bueno, y así partimos adonde no me habstrongía atrevido a ir en los últimos días.

A Huaype los boletos
Así es que pagamos el hostal, tomamos nuestros bolsos y nos fuimos en un taxi hasta el cercano Puerto Mazuko, al borde del río Inimbari, que fué el lugar original donde el japones Jorge Mazuko se estableció muchos años atrás para la fundación del pueblo que ahora lleva su nombre, allí tomamos una canoa con potente motor Evinrude para que nos pasara al otro lado, todo se pasa en canoa: camionetas, camiones, enormes cargadores frontales, todo precariamente equilibrado encima de dos canoas. Me contaba un transportista que las grandes palas se desarman antes de la pasada y luego se vuelven a armar al otro lado, son esas cosas difíciles de creer a menos que uno las vea porque solo tienen talleres y herramientas bastante rústicos. Al otro borde del río hay camionetas-taxi Hilux 4x4 donde suben a lo menos 11 personas con su mercadería entre la cabina y la cama trasera, después de un viaje de una hora u hora y media vadeando ríos y zanjas por la selva se llega a Huaype, un enorme hoyo de tierra esteril que parece haber sido recién bombardeado con armas nucleares.

Huaype está ubicado en el borde de un gran lecho seco del río Huaype, que en temporada de lluvias se llena y ha arrasado al pueblo tres veces. Por eso las casas son todas palafitos improvisados pues en cualquier momento llega el río y se lo lleva todo, cada vez que el río arrasa al pueblo la gente se pone muy contenta porque eso es bueno para la minería, pierden todo pero el negocio mejora. La calle principal es una huella donde se encuentra la pesadilla de cualquier urbanista, casas improvisadas sin ningún orden, la instalacion eléctrica pública también la hace cada cual por su cuenta, así es que la maraña de cables es impresionante, el agua subterranea -y supongo que los desagues- brotan de todas partes creando charcos en la calle. Todo el pueblo es comercio, uno al lado de otro, empresas de transportes, cyber, talleres, repuestos, comunicaciones y hasta un servicio de avionetas directo entre Huaype y Cusco, ese viaje si que debe ser una experiencia escalofriante porque subir entre las nubes por una pared vertical a casi 6.000 metros en avioneta no se lo deseo a nadie.

Nos alojamos en el mejor hostal de Huaype, la Negrita, a pesar de ser muy rústico -una especie de galpón con las piezas como celdas- era perfectamente limpio y era uno de los pocos lugares del pueblo con pozo séptico y llaves de agua. Me imagino como serían los malos. Todo el día visitando clientes y viendo lugares e instalaciones y a la noche nos compramos un buen pisco y nos quedmos tomando hasta mucho después que se cortó la luz. De allí nos fuimos al Venus, una de las muchas boites del pueblo -bastante buena- y nos tomamos varias cervezas a precio internacional. Al otro día más trabajo, visitas y después de mediodía me despedí de mis amigos con un considerable dolor de cabeza, estábamos embarcando de vuelta a Mazuko. Como estaba empezando a llover y cuando llueve se corta el camino, apenas alcanzamos a almorzar un atún en lata con galletas y tomamos en seguida un taxi colectivo para Puerto Maldonado, además ese camino también está en construcción así es que fuimos los últimos en pasar antes que el camino se cerrara por ese día. Pensé que por fin se terminarían mis preocupaciones porque me acercaba Slideshow de Mazuko aquía la civilización, iluso, no sabía que en la selva unos pocos kilómetros pueden ser tan riesgosos como miles en cualquier otra parte.

Slideshow de Mazuko aquí
Slideshow de Huaypetue aquí

Parte 4: Puerto Maldonado


Un tramo muy peligroso
Después de pasar tantos sustos seguidos, pensé que ya era momento de darnos algunos lujos ya que pronto estaríamos de vuelta en la civilización. Nuestra alternativa para el regreso era tomar directamente en Mazuko un bus-camión para el Cusco, pero la experiencia del viaje en bus-camión entre Ollaechea y Mazuko me había dejado muy asustado y pensé que hacer un viaje de 16 horas en un vehículo tan inseguro y con choferes an locos sería tentar demasiado a la buena suerte. Además tendría que subir por una pared vertical nueamente desde la selva hasta los 5.000 metros por el otro brazo de la Interoceánica que también está en construcción, y aunque me dijeron que estaba más avanzada que el tramo Juliaca-Mazuko no me hacía maldita gracia viajar de nuevo por el borde del barranco.

La decisión equivocada
Mi decisión entonces fue ir a Puerto Maldonado y allí tomaríamos un vuelo para Cusco, no más viajes largos y arriesgados por el momento, después en Cusco ya veríamos. Entre Mazuko y Maldonado hay un poco más de 200 kilómetros pero me dijeron que el camino tomaba entre 5 a 6 horas, las alternativas eran ir en bus-camión o en auto colectivo, yo opté por esto último por considerarlo más seguro, grave error como vería más tarde.

Después de almorzar una lata de atún con galletas tomamos el colectivo apurados porque pronto se cerraría el camino y no se podría pasar hasta la mañana siguiente, en el station iba el chofer, Willy, yo, un tipo jóven, otro más viejo y una señora campesina que se fue en el espacio de la maletera, al más puro estilo peruano. Nos fuimos a toda velocidad saltando por un camino que está en construcción pero se veía bastante inofensivo. En el poblado de Santa Rosa se bajó la señora de la maletera y seguimos dando tumbos por un par de horas, hasta que un sonido horrible de la rueda trasera nos obligó a parar en medio del camino. Se había roto un rodamiento de masa y no había como seguir, nos quedamos botados en medio de la selva y hasta el chofer se preocupó porque el camino ya estaba cerrado y las posibilidades que pasara alguien eran mínimas. Todos estaban bastante inquietos porque decían que en la noche es una nube de mosquitos y murcielagos que se meten por todos lados, no ra nada alentador el panorama y ni hablar de salir caminando en esas condiciones.

Botados en la selva, nos confunden con asaltantes
Y allí estábamos botados y bastante asustados cuando vemos venir un bus-camión ¡salvados! pensé y lo hicimos parar pero solo disminuyó la velocidad y luego salió escapando. La explicación era simple, en ese tramo se hace el porte de grandes cantidades de oro por mano en los buses, así es que los asaltos son muy comunes, los pasajeros del bus deben haber obligado al chofer a seguir de largo pensando que éramos asaltantes. Ardiendo de rabia nos quedamos cada vez más desanimados hasta que vimos acercarse un gran camióm Volvo , Willy me dice "yo me voy a poner adelante y cuando baje la velocidad te subes como sea" con los bolsos en la mano así lo hicimos y me subí sobre la marcha, después se subió Willy y el más joven, mientras que el chofer y el viejo se quedaron botados en el camino. El chofer al vernos arriba aceptó llevarnos hasta un lugar llamado "Laberinto" donde a veces hay colectivos que llevan a Perto Maldonado. Llegados allá, después de mucho buscar y regatear encontramos quien nos llevara a Maldonado, luego de tantas aventuras ya éramos amigos del joven compañero de viaje que resultó ser el anterior Alcalde de Mazuko, Manuel Castañeda, así es que nos fuimos muy amigos hasta que llegamos finalmente a la civilización

Por fin en Puerto Maldonado
Puerto Maldonado es una ciudad con todas las de la ley, similar a Arica un lugar no muy turístico pero lindo en medio de la selva, donde se juntan los dos grandes afluentes del Amazonas: el Tambopata y el Madre de Dios. Nos acomodamos en un buen hotel con la última plata que me quedaba, cerca del Obelisco, un mirador muy freak que se le ocurrió a algún político loco, y mandé urgente a pedir refuerzos, habíamos llevado US$ 400 que ya se me habían evaporado entre tanto viaje y hotel así es que pedí 400 más que Marcelo nos mandó sin demora, el problema era cobrarlos. Nos tomó un día completo de sustos porque el banco resultó ser terriblemente burocrático, al final Willy arregló todos los problemas y pudimos cobrar la plata con lo que respiramos mucho más tranquilos.

Lo primero que hice fue tomar una larga ducha porque llevaba varios días sin ducharme así es que debo haber apestado a la distancia, luego de tirarle los corridos a la señorita de la recepción (que estaba más o menos) nos fuimos con Willy y Daniel, su sobrino a comer una parrillada al centro. Mala decisión, llegamos al típico lugar turístico en la plaza de armas, malo y caro, pero que diablos, había que gastarse los últimos soles que nos quedaban ya que al día siguiente íbamos a retirar los refuerzos. Después al hotel donde tuve por primera vez en semanas una buena cama a mi disposición, puse la cabeza en la almohada y caí como si me hubiesen pegado un palo, profundamente dormido. Sobre los jugos y las frutas nada que decir: maravillosas, a la vuelta del hotel hay un restaurant vegetariano donde por unos US$ 3 dan un desayuno consistente en un gran guiso, una ensalada de frutas no menos espectacular y dos vasos de leche de soya, extraordinario.

Al día siguiente estuvimos tratando de retirar la plata lo que nos llevó todo el día hasta que Willy finalmente lo consiguió, ya éramos solventes de nuevo. Yo me dediqué a hacer un poco de turismo y pasé metido en un cybercafé que había a pocas cuadras del hotel. Mientras exista un cyber a mano hacer tiempo no es ningún problema. Allí estuve actualizando el blog, revisando el correo, subiendo fotos.y haciendo todas esas cosas nerd de los que no tenemos vida.

Me estaba gustando Puerto Maldonado, me hubiera quedado allá un año o dos de haber podido, es un pueblo de tamaño medio similar a Arica con gente muy simpática y mujeres muy bonitas. A las chicas de la selva les dicen charapas, pero eso tambiés es una especie de insulto porque charapa es el nombre de una tortuga selvática, en fin, Maldonado me gustó bastante y había harto para recrear la vista. En la selva el nombre Tomás es bastante popular parece porque lo escuchaba muy seguido. La gente es bastante amable y todos se tratan de "amigo", a diferencia de la zona de Puno donde la gente es mucho más parca y hermètica en la selva parecen mucho más extrovertidos.

Resulta que Willy era local en Puerto Maldonado porque alli tiene su negocio de las castañas de la selva (brazil nuts), tiene familia y pasa buena parte del año por esos lados. Así es que para el día siguiente organizamos una pequeña fiesta con su sobrino Daniel -que llegó bien acompañado- con su primo que está en el negocio de las maderas de la selva, con Vidal, que es dirigente de una comunidad de recolectores de castañas y maneja el negocio en Maldonado y con otros amigos que fueron llegando en el momento. Willy lució sus habilidades de cocinero preparando un costillar de cerdo y un pollo al cilindro (se hace en un ahumador y queda espectacular), con harta yuca de la selva, abundantes cervezas y un licor hecho con raíces, cortezas y pisco muy bueno y tonificante. Esa noche terminé boracho como cuba y para que les cuento el resto, fue una de las mejores etapas del viaje.

Al día siguiente con la caña viva, nos fuimos al aeropuerto en una moto-triciclo y tomamos finalmente un antiguo avión de Aerocondor que nos llevó en media hora al Cusco, miraba desde arriba la selva por donde había andado y el camino serpenteante e interminable que me evité pasar por tierra y me reía solo. En poco más de media hora estábamos aterrizando en el Cusco, la Ciudad Imperial, el centro del Tawantisullo.
Slideshow de Mazuko a Maldonado aquí
Slideshow de Puerto Maldonado aquí

Parte 5: Cusco, Tacna y Arica!

Desde el aire se tiene una idea muy diferente de la geografía de un lugar que cuando la hacemos por tierra, la transición entre la selva baja de Puerto Maldonado, el enorme muro vertical que sube en solo dos o tres escalones hasta el altiplano, desde el nivel del mar a más de 5.000 metros de altura, por aire se pasan en unos pocos minutos, aunque por tierra son más de doce horas de camino. Abajo hay caminos de tierra infernales, serpenteantes que trepan por el borde de la cordillera, es la rama norte de la Carretera Interoceánica que no conocí porque la rama sur desde Juliaca, me dejó lo suficientemente espantado como para tomar el avión. Dicen que desde Maldonado a Cusco es un tramo más lindo y menos peligroso, pero ya tenía bastante de eso. En todo caso para volver por tierra desde Maldonado, habría tenido que devolverme a Mazuko y seguir por un pueblo llamado Quincemil, desde allí empezar a subir, no habían buses normales y solo se puede hacer en bus-camión, basta de eso para mi, mejor el Aero Condor.

En el aeropuerto de Maldonado empezaron a aparecer cientos de turistas en buses disfrazados de safaris con el típico par de guías, uno gringo y otro peruano con cara de greenpeace y pelo hasta la mitad de la espalda. Ninguno de esos turistas se veía por Puerto Maldonado, ellos eran llevados del aeropuerto directamente a lodges en la Reserva Nacional del Manu, a una versión sanitizada de la selva sin mosquitos, infecciones ni animales peligrosos , me imagino que hsta a los yacarés les limaban los dientes porque los gringos se veían inmaculados en sus trajes de safari, sin calor, sin quemaduras de sol y ni una sola picada de mosquito.

Después de algo más de media hora sobrevolamos el Cusco que desde arriba me pareció un lugar chiquito y campestre, abajo mi impresión cambiaría drásticamente. En el aeropuerto me asombró ver un gran y viejo helicóptero Sirkosky con un cartel de vuelos hacia Macchu Picchu, nunca he confiado en los helicópteros y menos iría en ese armatoste a las ruinas, ni muerto. La cosa es que Cusco es la cuidad natal de mi amigo Willy así es que de cierta manera estábamos como en casa, tomamos un taxi, algo lejos del aeropuerto para evitar que nos asaltaran con la tarifa y le pedimos que nos llevara al mejor sitio criollo para almorzar, así es como llegamos a La Chomba, una mescla de restaurant y chichería muy buena con clientela repartida por igual entre locales y turistas. Yo pedí un choclo con queso, plato muy bueno en Perú por la calidad jugosa de los choclos y un pecho asado con arroz y papas. Lacarne del pecho del animal no es blanda pero compensan la dureza con abundancia, la porción es enorme. No aguanté la tentación de tomarme una chicha de frutilla a pesar de las historias esas de que se escupe la chicha y el riesgo inminente de una lipiria, pero como ya estaba peruanizado no me pasó absolutamente nada.

Después de almuerzo nos fuimos de turismo, a recorrer la antigua casa donde Willy nació y pasó su niñez, ahora convertida en un centro de oficinas, la plaza y algunas calles adyacentes con las ruinas incas, el imponete palacio de los tribunales, la catedral y una linda placita ubicada en altura no lejos de la plaza de armas, increíblemente mi amigo el puneño, selvático Willy se apunó y tuvimos que sentarnos a descansar un rato mientras se recuperaba, pobre Willy, tantos años en la costa ya lo han maleado, yo en cambio, como buen llamo ariqueño andaba fresco como una lechuga. No había bus de vuelta hasta las 21 hrs. así es que nos dedicamos a dar vueltas y finalmente nos fuimos al terminal, saludamos al Señor de los Terremotos y nos embarcamos de vuelta para Juliaca, Arequipa y Tacna en un bus Flores.

EL viaje fue completo de noche, en Juliaca se nos reventó un neumático y tuvimos que esperar como una hora a la 1 AM, con un frio de diablos hasta que lo cambiaron, seguimos viajando toda la noche, menos mal que no se veía nada porque esa bajada también es peligrosa -de hecho hace poco se desbarrancó un bus donde murieron varios chilenos por ese camino- llegamos como a las 10 AM a Arequipa, entrando por un lado bien feo de la ciudad que no conocía. Allí hicimos un transbordo de bus para Tacna y después de unas 5 o 6 horas estábamos en Tacna Heroica, donde tuve la primera noticia de la enfermedad de mi amigo Marcelo, que era nuestro socio capitalista en toda esta aventura, almorzamos, hicimos algunas diligencias y me embarqué solo para Arica en un colectivo dejando a Willy en Tacna. Volví finalmente a mi tierra, a mi cama, mi almohada y principalmente a mi baño que son las posesiones que más añoro cada vez que viajo.

Lleno de negocios y de entusiasmo no me imaginaba que -como me pasa casi siempre- todo se iría pronto al agua, la salud de mi amigo se empeoró rápidamente y me tuve que poner a ayudar en su negocio mientras contestaba con evasivas a todo lo que me iban pidiendo desde el Perú, todo fué de mal en peor: la presión por el trabajo y la enfermedad de mi amigo me botaron la mitad de los pocos pelos que me quedaban, me vino la peor bronquitis en muchos años, alergia nerviosa y un humor de diablos, finalmente mi amigo Marcelo murió y todos nuestros sueños de El Dorado se desvanecieron junto con la compañía de uno de mis más buenos amigos. Todo mal, una vez más, pero lo que no nos mata nos hace fuertes así es que borrón y cuenta nueva, quedé listo para mi siguiente aventura en el reino de la burocracia.

Slideshow de Cusco, Tacna y Arica

THE END - FIN- FINE

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